Conocer el motivo del problema te ayuda a encontrar soluciones que de verdad funcionan
Los músculos que hacen que el ojo enfoque no están diseñados para mantener la misma posición durante horas. Cuando lo hacen, se van cargando poco a poco, igual que se cansa cualquier músculo del cuerpo si lo usas demasiado tiempo sin descanso.
Además, mirando la pantalla parpadeamos mucho menos de lo habitual. Eso hace que la superficie del ojo se reseque, y de ahí viene esa sensación de picor, ardor o de tener arena en los ojos que tanta gente nota al final del día.
Todo este conjunto de molestias se conoce como síndrome visual informático. No es una enfermedad, pero sí una señal clara de que algo en tu entorno de trabajo no está bien ajustado. Y lo bueno es que tiene solución.
Los ojos tienen que hacer más o menos esfuerzo dependiendo de cómo está organizado el espacio donde trabajas. La distancia a la pantalla, la altura del monitor, los reflejos y la cantidad de luz son factores que el ojo intenta compensar de forma continua.
Una pantalla demasiado brillante en una habitación oscura, el sol entrando por detrás del monitor o una silla que obliga a inclinar el cuello son pequeñas fuentes de tensión que se acumulan hora tras hora.
Al final del día, todo eso junto se traduce en los síntomas que muchos dan por normales pero que en realidad son totalmente evitables con unos ajustes básicos.
Mirando una pantalla, el ritmo de parpadeo baja de 15-20 veces por minuto a unas 5. La superficie del ojo se reseca muy rápido y eso provoca irritación.
Unos centímetros de más en la altura o la distancia del monitor pueden generar tensión acumulada en el cuello y los ojos que vas notando poco a poco durante el día.
Las habitaciones con calefacción o aire acondicionado tienen menos humedad. Eso hace que los ojos se sequen más rápido y que la sensación de picor e irritación sea peor.