La forma en que tienes montada la pantalla, la luz y la silla influye muchísimo en cómo se sienten tus ojos al final del día
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Los ojos no están hechos para mirar fijamente un punto luminoso durante horas. Cuando lo hacen, los músculos del ojo se tensan, el parpadeo se reduce a casi la mitad de lo normal y la superficie ocular se reseca. El resultado es ese picor, pesadez y visión borrosa tan típico al terminar la jornada.
Lo que mucha gente no sabe es que gran parte de ese malestar no viene de la pantalla en sí, sino de cómo está colocada y del entorno en que se trabaja. Cambiar eso está en tu mano y no cuesta dinero.
Aquí encontrarás todo lo que necesitas saber explicado de forma sencilla, para que puedas hacer los ajustes adecuados hoy mismo sin complicaciones.
Unos pocos centímetros en la posición de la pantalla marcan una diferencia enorme para tus ojos y tu cuello
La pantalla debe estar a la distancia de un brazo estirado. Ni demasiado cerca, que obliga a forzar el enfoque, ni tan lejos que tengas que inclinar el cuerpo hacia adelante.
El borde de arriba de la pantalla debe coincidir con la altura de tus ojos o quedarse un poco por debajo. Así la mirada cae de forma natural y el cuello no se tensa.
Gira el monitor para que quede en ángulo recto respecto a la ventana. Así evitas que el sol dé directamente en la pantalla y eliminas los reflejos que tanto cansan los ojos.
El monitor debe estar entre 50 y 70 cm de tu cara. El borde superior tiene que quedar a la altura de los ojos o un poco por debajo. Si tienes que levantar la vista para leer, la pantalla está demasiado alta y eso cansa el cuello y los ojos sin que te des cuenta.
La luz natural debe entrar por el lado, no por delante ni por detrás. Si el sol da en la pantalla, gira el escritorio o baja la persiana. Los reflejos son una de las causas más frecuentes de fatiga visual y se solucionan en cinco minutos.
Si la pantalla brilla más que el resto de la habitación, bájalo hasta que parezca parte del entorno. Por las tardes activa el modo de luz cálida. Eso reduce la luz azul intensa y ayuda a que los ojos descansen mejor cuando termines de trabajar.
Cada 20 minutos de pantalla, mira a algo lejano durante 20 segundos. Puede ser la calle desde la ventana, el final del pasillo o cualquier punto que esté a más de 6 metros. Ese pequeño hábito relaja los músculos del ojo y reduce mucho el cansancio acumulado.
La espalda apoyada, los pies en el suelo y los codos a la altura del teclado. Cuando la postura es correcta, el cuello y los hombros no acumulan tensión, y eso también mejora cómo se sienten los ojos al final de la jornada.